Voy derechito por el caminito más torcido
sin saber qué es peor, si no haberse encontrado o haberse perdido.
Es un camino hecho al des-andar, buscando,
como caminante sin destino, como viento marino, desenfrenado, desamparado.
Entre las caderas del miedo mortal nació mi temerario valor,
hijo del sexo entre el amor y el dolor.
Un hijo bastardo atrincherado en cicatrices, bebiendo de la dulce melancolía,
engañando a la felicidad con con recuerdos de alegría.
Pero no se hará más viejo mientras sea diablo y sin ser sabio,
pero seré diablo mientras sea solitario.
La cara del silencio, la soledad,
el silencio, el idioma de la soledad.
El silencio, un réquiem a la soledad,
el sonido de la noche, de la pena, de las calles sin nombre de la ciudad.
Ciudad, en que la muerte no nos mata, es la avenida de vivir
que nos empuja al risco, que es morir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario