lunes, 5 de noviembre de 2012
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Yo... Nunca he visto el dolor... No he coqueteado con la muerte, ni he trascendido con la vida más allá de la mía. No tengo que lamentar tu partida ni anonadarme con tu llegada. Hoy por hoy soy el espectador de la película, ajeno a aquella historia de la que se quiere hacer partícipe. Yo... hoy siento vergüenza de mi mismo...
Me avergüenza la osadía de hablar de sufrimiento, de pensarme curtido en el dolor. De llamar vacío a una ausencia y no darme cuenta qué es porque algún día tuve tu calor. Hoy miro la lividez de mi vida como la banalidad que representa....
Seguramente mañana lloraré de mi desgracia otra vez, pues a menudo no somos capaces de abstraernos y darnos cuenta de la nimiedad de nuestras aflicciones, de la gran bola de nieve que empujamos vida abajo, sin percatarnos de la sonrisa de aquel que nos mira sentado bajo el proyector de la bobina de nuestro afortunado día a día...
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