El hombre no llora,
porque llorar es morir,
morir gota a gota,
porque la lágrima es la sangre del sentir.
El hombre no llora,
no porque no pueda,
no quiere, no soporta,
que se le escape el dolor que le da la fuerza.
El hombre está sellado.
La oscuridad de sus ojos
ocultan su corazón apagado.
Donde se esconde, dentro de él, lejos de todo.
El hombre está condenado
a su vacío más profundo,
en el largo eco de su fado,
mientras en la soledad tenga su escudo.
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