Cae la noche sobre tu ventana,
la lluvia llora que por la mañana
ya no despierte más la luz temprana.
¿Qué queda para quebrar la mirada?
Si la única llama que quema el pecho
es la piedra gasta de aquel mechero
zippo, marcando el ritmo del silencio.
¿Qué queda para quedarnos sin deseos?
Ya no habrán nubes a las que perseguir,
son recuerdos que en vaho quieren huir,
mentiras, traiciones, el arte de herir.
Honor, lealtad, el espíritu casto,
los principios por los que muero y mato,
y vivo, si queda un amigo al lado.
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