Estaba yo viendo llover
una lluvia sin agua
tras un otoño, que no olía a castañas.
Yo suspiraba
y el viento resoplaba
porque las hojas, mojadas, le pesaban.
Excepto una, una hoja revoltosa,
una hoja que revoloteaba
una hoja que no quería
que el otoño acabara.
Y esa hoja voló más alto que cualquier otra
y descendió, tan suave,
como una pluma elegante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario