lunes, 15 de agosto de 2011

Estilográfica de la vida

La vida como un folio en blanco y la decadencia del amor como la ruptura del protocolo social, de uso exclusivo de quinceañeros carentes de moralidad y corrompidos por el alcohol y el cigarrillo. Pero ese es precisamente su refugio, la balsa que impide naufragrar y hundirse hasta las profundidades del mar de lodo sobre el que todos caminamos. Para todos los demás se sirve sucedaneo de sentimientos, edulcorado con trazas de pasión y extracto de instintos. El Yo primario en busca de su autorealización, de interactuación, de verdadera sinceridad tras la máscara de falsas expectativas incumplidas por incumplibles. Y ya lo dijo alguien refiriendose a este tiempo, pues chocamos los unos contra los otros en pos de un desastre por el mero hecho de sentir alguna cosa, cualqier cosa... Sí, quizá las vias de esta linea acaben bruscamente a medio camino de ninguna parte, pero aun no he llegado a mi estación y apuraré asta el último momento para saltar, rodar, levantarme y sacudirme el polvo blaco que tapiza este lugar, que algunos usan para huir y del que todos estamos saturados, embriagados. Esas motas que flotan en la atmósfera, que sólo ves a contra luz y que inhalamos, responsables de la falta de coherencia de los guiones disfuncionales que son, queramos o no, la trayectoria de nuestras vidas.

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