"Que desvanezca el tiempo
el oro delincuente del amor
y la imagen hermética de aquello
que llamabas pasado
- y era apenas
ayer: la fugitiva
edad de no tener
edad para el pasado."
Felipe Benítez Reyes." El equipaje abierto"(1996).
Son las cuatro de la mañana.
Agosto,
apedrea todos los partes metereológicos.
¡Joder!
Es intrínseco este frío tormentoso.
El silencio es ensordecedor,
salvo por ese ajetreo rutinario
donde los coches se cierran
y las camas se abren
y algunas ventanas juegan a lo mismo
esperando
que incontinentes urinarios
se cansen de oírlas gruñir.
Se oyen pasos.
El alcohol tambalea unos tacones
y el orgullo de un padre que presume,
de su no tan niña, en las cenas familiares.
El ruido
reaparece con el camión de la basura.
El vidrio tintinea el recuerdo
de felices e infantiles borracheras:
Martini, limón y un mundo entero
por descubrir.
Ese mismo mundo donde brindábamos
por una amistad intemporal y comenzaban
los escarceos con todo lo que se pudiese inhalar.
Pero
el tiempo, acérrimo compañero,
todo lo transforma
y ahora sólo brindamos para olvidar y para suavizar
esta esclavista dependencia
al tabaco.
¡Cuánta nostalgia!
En estas interminables noches de agosto.
Fuimos aún más jóvenes que ahora
cuando perdimos la inocencia en parques,
entre bancos de madera
y botones de vaqueros
y felices miradas al espejo del ascensor
recordando,
los últimos centímetros
que descubriste en su cuerpo.
Pero,
aún es más acérrimo compañero, el paso del tiempo
que el propio tiempo,
y los mismos bancos los ocupan otros
más jóvenes, más felices, más ingenuos,
y el mismo espejo ya lo ocupa otro
algo más viejo, más pensativo y
sobre todo,
más nostálgico
de todo aquello que un día
no fue si no la edad
de no tener edad para el pasado.
53
ResponderEliminar