Aguanto la respiración para escuchar un sonido, no paro de mirar las hojas de los árboles, estáticas, no corre el aire. Nada. Ni un sonido, ni un movimiento. No hace calor, pero tampoco frío y sin embargo me sofoco, se me ha secado la boca y se me eriza hasta el último pelo de mi cuerpo. El aire entra despacio en mis pulmones, mucho aire, pero poco oxígeno. Corro hacia cualquier lugar intentando ver a alguien, ver un coche, ver un pájaro. No es posible, no puede ser real y ya hace horas, ni una nube... ¡Mi sombra! Eso tiene que cambiar! Mi... sombra. ¿Pero dónde está?....
Ni hambre, ni sueño. ¡Estoy muerto! No me imaginaba el limbo así, la verdad, pero tengo una eternidad para descubrirlo...
Tostadora y bañera. Edificio y suelo. Cuchillo y piel. Gasolina y fuego. Lengua y enchufe. Soga y viga. Agobio y muerte. Muerte y Nada. Nada en absoluto, no hay dolor. Tan sólo vuelta a empezar, de nuevo a desfilar por los tortuosos laberintos del sinsentido destino que se cree en potestad de regir mi vida desde hoy, hasta el fin de los días...
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